Las tablets, en cuanto se mencionan en el contexto de una escuela infantil, suelen despertar cierta inquietud entre las familias. No es raro escuchar frases como “¿van a pasar tiempo delante de la pantalla?” o “prefiero que jueguen con materiales reales”. Y es normal: nadie quiere que los niños de dos o tres años sustituyan la plastilina por una tablet. Sin embargo, la realidad en muchos centros es muy distinta. En la mayoría de casos, estos dispositivos no están pensados para los niños, sino para los educadores. Funcionan como una herramienta de apoyo, no como un recurso de entretenimiento. Y soluciones como KinderUp muestran hasta qué punto pueden mejorar la organización sin exponer a los pequeños a las pantallas.
El malentendido común sobre el uso de tablets en infantil
Cuando una familia escucha “tablet en el aula”, a menudo imagina a los niños sentados en fila mirando dibujos o jugando a aplicaciones de colores. En cambio, lo que realmente sucede suele ser justo lo contrario. La tablet no se entrega a los niños, ni se convierte en parte de su rutina diaria. Ni siquiera se plantea como actividad pedagógica en la mayoría de centros de 0 a 3 años.
Lo que sucede es que el educador necesita registrar información, enviar un aviso rápido, tomar una foto para documentar un momento concreto o revisar una autorización. Antes, todo esto implicaba buscar un papel, dejar a medias una actividad o intentar acordarse al final del día. La tablet llega como un apoyo discreto que simplifica esos pequeños procesos.
Un padre una vez comentaba: “Me preocupaba que usaran tablets… hasta que vi que las usaba la profe, no mi hija”.
Cómo utilizan los educadores las tablets dentro del aula
La tablet se convierte en una herramienta de trabajo tan práctica como una libreta, pero más eficiente. Imagínate una mañana normal: un bebé termina su biberón y el educador registra la hora en un segundo; un niño tiene un pequeño avance en el control de esfínteres y la tablet permite documentarlo para compartirlo con la familia más tarde; un grupo está haciendo una actividad de manipulación y el educador toma una foto que quedará guardada como recuerdo del proceso.
El uso no es continuo ni invasivo. No interrumpe el vínculo con el niño. Es una herramienta que se usa justo cuando hace falta y que, paradójicamente, permite que el educador esté más disponible para el grupo. Menos papel, menos olvidos, menos prisas por completar informes al final de la jornada.
Beneficios de usar tablets como herramienta profesional
Cuando las tablets se utilizan con un objetivo profesional, la dinámica del aula mejora de forma muy natural. La información del día se registra en el momento, evitando que el educador tenga que reconstruir mentalmente lo que ocurrió hace horas. En cambio, puede dedicar ese tiempo a observar, acompañar y ajustar actividades.
Además, una tablet permite trabajar sin interrupciones innecesarias. Por ejemplo, si el centro necesita avisar a todas las familias de que al día siguiente habrá un cambio de horario, el educador no tiene que recorrer el aula pidiendo firmas ni perseguir a las familias en la puerta. Envía un mensaje y listo. Las tablets permiten también documentar hitos espontáneos: ese dibujo que el niño quiso enseñar orgulloso o la primera vez que un bebé gateó unos centímetros más de lo habitual.
La tablet, bien usada, devuelve minutos de calidad al aula.
KinderUp como plataforma que da sentido al uso de tablets
Tener una tablet solo tiene sentido si se utiliza con una herramienta diseñada específicamente para educación infantil. Y ahí es donde KinderUp encaja. En lugar de depender de apps generales, KinderUp organiza la comunicación, los informes, los documentos y las rutinas desde un sistema intuitivo y seguro.
El educador puede enviar un mensaje a una familia en segundos, registrar una siesta, guardar fotos del día o revisar la asistencia sin tener que usar múltiples canales. Todo queda centralizado, lo que facilita el trabajo interno del centro y evita confusiones. Las familias, por su parte, reciben información clara, ordenada y útil.
Para quienes quieran profundizar más sobre digitalización, comunicación y gestión en infantil, el blog de KinderUp es un recurso interesante que complementa esta visión.
Seguridad y control: la tablet no es para los niños
Para muchas familias, este punto es clave. La tablet no se entrega a los pequeños ni se convierte en un dispositivo de uso libre. Suele estar protegida con contraseña, asociada a cuentas profesionales y supervisada siempre por el educador. Además, su presencia en el aula está regulada por protocolos internos: cuándo se usa, para qué y durante cuánto tiempo.
Los niños, en la mayoría de casos, ni siquiera la tocan. Ven la tablet como ven un cuaderno o un boli grande: algo que forma parte del trabajo del adulto, no del suyo. Esto tranquiliza mucho a las familias y, en muchos centros, ha ayudado a derribar esa primera barrera de desconfianza.
Ventajas para las familias y para el equipo educativo
Para las familias, el beneficio es evidente: reciben información fiable, actualizada y sin fragmentos perdidos. No dependen de una libreta que puede olvidarse o de un mensaje verbal dado a toda prisa. La tecnología aporta claridad, continuidad y una sensación de acompañamiento constante.
Para los educadores, la ventaja es doble: menos carga mental y más tiempo real para el aula. Registrar una rutina en la tablet evita tener que hacerlo en papel para luego transcribirlo. Eliminar pasos intermedios libera espacio para lo importante: el vínculo con los niños.
Cómo integrar tablets en el centro sin generar rechazo
El primer paso es explicar bien a las familias qué papel tendrá la tablet. Mostrar ejemplos, enseñar cómo funciona la plataforma y aclarar que no es un recurso para los niños genera confianza desde el inicio. Además, muchos centros empiezan con un uso moderado y van ampliando funciones a medida que el equipo se siente cómodo.
También es fundamental elegir una plataforma adaptada a infantil. Una herramienta profesional evita distracciones, es segura y respeta la privacidad del alumnado. Si un centro quiere dar el paso, solicitar información o una demostración suele ser el mejor inicio: solicitar información.
Conclusión
Las tablets en una escuela infantil no son un sustituto de los juegos, los cuentos o la exploración sensorial. Son un apoyo para los educadores, un cuaderno digital que organiza, simplifica y mejora la comunicación con las familias. Y cuando la tecnología se utiliza con un propósito claro —como ocurre con KinderUp— el aula se vuelve un espacio más fluido, más tranquilo y mejor conectado.
